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ERVIN LASZLO
LA FELICIDAD EN EL CAMBIO
(1ª Parte)



La gran oportunidad
En los últimos años y especialmente desde que la crisis económico financiera se agudizara en el otoño de 2008, ha quedado patente que hay algo que está fallando profundamente en nuestro mundo. Los medios de comunicación están llenos de noticias sobre la crisis, sugiriendo cómo afrontarla. Pero los análisis son fundamentalmente sectoriales y parciales.
Se habla de la crisis financiera y de la consecuente crisis económica y, por lo tanto, de las crisis ecológicas y de todas las que están relacionadas con los recursos: crisis energética, alimentaria, hídrica y muchas otras. Se habla también de un consumismo exacerbado, de necesidades de energía en crecimiento, de codicia, es necesaria una visión de conjunto integral y omnicomprensiva de lo que está fallando y, por tanto, de lo que es necesario hacer para ponerle remedio.
Este artículo intenta identificar de manera integral los principales problemas, que nosotros preferimos llamar «efectos», tratando de partir de las causas, para después proponer la solución.
¿Qué es lo que está fallando en nuestro mundo?
— uno, es social, económica y ecológicamente insostenible
— dos, está lleno de comportamientos irracionales
— tres, está gobernado por una élite con modelos de referencia (dejemos fuera las religiones), aspiraciones y valores obsoletos.

LAS RAÍCES DE LA CRISIS
Los problemas de la insostenibilidad

Insostenibilidad en la sociedad.
El mundo contemporáneo está cada día más poblado; está creciendo la diferencia entre los ricos y los pobres, entre los poderosos y los marginados. Aunque el desfase se calcula normalmente en términos económicos, en la realidad es una injusticia que se sustancia en un profundo desastre social, este hecho reduce la calidad de vida e incluso la oportunidad de supervivencia de amplias franjas de población.
A finales de 2008 había 946 multimillonarios en los estados Unidos, ¡de los cuales 178 se añadieron solamente en el 2008! Hace cincuenta años no había ni uno solo, el ochenta por ciento del PIB mundial está en manos de mil millones de personas, el restante veinte por ciento se divide entre los otros casi seis mil millones.
En el último siglo, la pobreza en números absolutos ha aumentado. Según el Banco Mundial, del total de la población mundial -a día de hoy más de 6.600 millones de personas-1.400 millones viven con menos de 1,25 dólares al día, otros 1.600 millones con menos de 2,50 dólares al día, mientras que más de 900 millones están clasificados como habitantes de rancherío.
El abismo se hace también evidente en lo que se refiere a la huella ecológica, es decir, en el peso de los recursos naturales, el americano del norte tiene una huella ecológica dos veces superior a la de un sueco, tres veces la de un italiano, trece veces la de un brasileño, treinta y cinco veces la de un hindú, y doscientas setenta veces la de un habitante de Haití.
En los países pobres la lucha por la supervivencia económica destruye la familia. Las mujeres se ven obligadas a dejar la casa y la educación de sus hijos para buscar trabajo. Las explotan intensamente con trabajos miserables por pagas irrisorias; muchas se ven obligadas a dedicarse a la prostitución. Según la International Labour Organization,

50 millones de niños son contratados por un inhumano salario en fábricas, minas o en los campos, principalmente en África, Asia y América Latina. Los que no son «contratados», si no son reclutados como soldados, muchos son obligados a prostituirse, si escapan se convierten, con suerte, en ladronzuelos de la calle.

Insostenibilidad en la economía.
La economía es, en su sentido etimológico, la gestión de los recursos para el ambiente doméstico (del griego oikonomia, donde oikos es casa y nemein es gestión). La economía global — el medio doméstico de la humanidad — está afrontando una crisis: por primera vez en su historia, la curva creciente de la demanda de solo una parte de la humanidad sobrepasa la curva descendiente de la oferta global, es decir, de la garantía de disponibilidad de recursos.
Hasta hoy, la demanda humana ha sido insignificante en relación a los recursos perecederos globales. Pero, a partir de la Segunda Guerra Mundial, y ¡en solo sesenta años! hemos consumido más recursos que en toda la historia de la humanidad.
Destruir el balance positivo de los recursos disponibles con relación al consumo global es un hecho de extraordinaria importancia sobretodo si tenemos en cuenta el rápido crecimiento de la población mundial, que ha aumentado de los casi 5.000 millones de hace veintidós años a los 8.000 millones estimados para dentro de un decenio.
Dado que la tierra aprovechable se va reduciendo debido a los consumos y la erosión, la disponibilidad de tierra per capita para el hombre ha descendido, de las 7,90 hectáreas por persona en el 1900 a menos de 2 hectáreas en la actualidad. Ésta es la cuota de tierra límite, tanto la físicamente disponible, como la que se puede emplear de modo sostenible.
La precariedad estructural del sistema financiero es otra cara de la insostenibilidad. La inestabilidad del sistema no es ninguna novedad, pero no fue conocida como tal por el público hasta el otoño del 2008. A nivel mundial (aparte de las guerras mundiales) el crack ha desembocado en la mayor pérdida de riqueza nunca registrada: 2.800 billones de dólares.
La insostenibilidad estructural del sistema financiero mundial se remonta a mucho antes. Tiene sus raíces en los desequilibrios del sistema de comercio mundial. Se basa en lo absurdo del crecimiento material infinito.

Insostenibilidad en la ecología.
Agua.
Actualmente, al menos un tercio de la población mundial no tiene acceso a un suministro adecuado de agua potable, y para el 2025 dos tercios de la población vivirán la escasez de agua en condiciones críticas.
Estamos asistiendo a una pérdida progresiva de terrenos productivos a causa de la erosión del suelo, el apisonamiento geológico, el empobrecimiento, la sequedad, la acumulación de sustancias tóxicas, la falta de nutrientes naturales y la contaminación orgánica e inorgánica de los centros urbanos y los residuos industriales.

Tierra.
A escala mundial perdemos de 5 a 7 mil hectáreas de terrenos agrícolas cada año. A este paso, para mediados de siglo se habrán perdido 300 mil hectáreas, dejando 2.700.000.000 hectáreas para alimentar alrededor de 9.000 millones de personas. Podría ser catastrófico: porque 0,30 hectáreas de terreno productivo por persona producirían una cantidad de alimento insuficiente, si tenemos en cuenta el error de la evaluación solo estadística.
Aire.
Los cambios en la composición química de la atmósfera representan otra tendencia insostenible. Desde la mitad del siglo XIX, a causa de la combustión del carbón, el oxígeno ha disminuido considerablemente. Doscientos años de combustibles fósiles y de haber talado amplias superficies de bosque han incrementado el anhídrido carbónico en la atmósfera de 280 ppm (partes por millón) a más de 350 ppm.

Calentamiento global y cambio climático.
Durante el siglo XX, las actividades humanas han inyectado 1.000 millones de toneladas de cO2 en la atmósfera. Actualmente, estamos inyectando lo mismo en menos de 20 años, esta rapidez impide que el ecosistema terrestre se autorregule. En los océanos, el aumento de cO2 en la superficie hace que las aguas sean demasiado ácidas para la
formación de los organismos de concha, que se encuentran en la base de la cadena vital de los océanos. En tierra firme, la absorción de cO2 se ve obstaculizada por la destrucción del ecosistema. A causa de las lluvias ácidas, la ampliación de las ciudades y la difusión de una amplia gama de toxinas en el suelo, al menos el 40 por ciento del manto forestal del mundo ha desaparecido.
Las consecuencias de los gases de efecto invernadero debidos a la actividad humana se suman a las consecuencias de los gases de efecto invernadero naturales. Por ejemplo, en Siberia Occidental se está acelerando un peligroso proceso que empeorará drásticamente el efecto
invernadero. Lo han anunciado un grupo de científicos después de haber revelado que el permafrost de una zona tan grande como Francia y Alemania juntas se está derritiendo y en los próximos años liberará en la atmósfera miles de millones de toneladas de gas metano, un gas 21 veces más nocivo que el anhídrido carbónico en lo que se refiere a su contribución al efecto invernadero.
El permafrost, en vía de derretimiento por primera vez en los últimos 11 mil años, recubre, en efecto, la turbera helada más grande del mundo, que puede llegar a producir alrededor de 70 millardos de toneladas de gas metano. Según Stephen Sitch, climatólogo del centro meteorológico de Exeter, el proceso de derretimiento del permafrost durará varios decenios y, por lo tanto, el gas metano no se liberará de una sola vez en la atmósfera. Sin embargo, según sus cálculos, aunque el metano se filtrase a través del permafrost durante los próximos 100 años, aun así liberaría cada año 700 millones de toneladas de gas en la atmósfera equivalentes a unos 15 millardos de toneladas de cO2. Una contribución devastadora al efecto invernadero que podría hacer aumentar en un 10-25% el sobrecalentamiento global.
Los modelos climáticos muestran que incluso unas mínimas variaciones en la composición de la atmósfera pueden producir efectos de grandes proporciones, incluidas amplias pérdidas de recolecciones agrícolas, escasez de agua, nueva difusión de enfermedades, crecimiento del nivel de los mares, desaparición de amplios tramos de bosque.
Actualmente, el efecto acumulativo de los cambios incluye el efecto invernadero, una pantalla en la alta atmósfera que impide que el calor generado por la superficie se libere en el espacio adyacente.
El recalentamiento global es un hecho indiscutible: en los últimos años, la media de las temperaturas globales ha crecido sensiblemente, y el calentamiento se va acelerando. El debate se centra hoy día, en vez de cuales deben ser las acciones que lo palien, en la disputa sobre si el calentamiento lo está causando el hombre o se debe a causas naturales. Han existido otros periodos de «calentamiento» en la historia terrestre, los geólogos hablan de una alternancia entre periodos de calentamiento y de enfriamiento el periodo caliente más conocido se remonta a hace 55 millones de años, cuando se liberaron en la atmósfera entre uno y dos teratones (entre 1.000 y 2.000 millones de toneladas) de cO2, casi con seguridad debido al impacto de un meteorito colosal, esto causó un calentamiento de las temperaturas de 8°c en las zonas árticas y 5° en los Trópicos. Fueron necesarios 200.000 años para hacer que las temperaturas volvieran a los niveles anteriores.
Estudiosos tildados de amigos de reducir la responsabilidad de la actividad industrial, aseguran que el actual calentamiento global es debido a causas naturales, a lo sumo intensificadas por la actividad humana, mientras que otra parte muy importante de científicos enfatizan, cargados de buena fe, la responsabilidad que se cree achacable a los humanos del primer mundo, por si el hacerlo facilitase la puesta en marcha urgente de cuantas acciones pueden ser cuestión de vida o muerte, de millones de personas en un plazo siempre breve.
Es cierto que nuevos ciclos en los procesos de fusión en el interior del Sol hacen que emanen más radiaciones hacia la Tierra, calentando la atmósfera. Por desgracia, la mayor parte de quienes atribuyen el calentamiento global a la actividad solar niegan la necesidad de hacer algo al respecto, después de todo, ¿como puede el hombre cambiar la química del Sol?

Sin embargo, esto es un error.
A pesar de que, obviamente, es imposible hacer nada en lo que se refiere a la química del Sol, sí podemos hacer algo para reducir los efectos de éste en la Tierra. Y hacerlo es recomendable, independientemente de que el calentamiento se deba al Sol, o de que tenga un importante componente antrópico. Porque en cualquier caso eso producirá trastornos climáticos, daños ecológicos, y un severo deterioro de la cadena alimenticia de toda la humanidad. (De todas formas, se ha confirmado que el anhídrido carbónico, junto con el metano y otros gases de la atmósfera, es un factor significativo en el calentamiento global. Los registros históricos de los últimos millones de años muestran que el aumento de cO2 en el aire está relacionado con variaciones en la temperatura: los aumentos en el cO2 van al mismo ritmo que los aumentos de temperatura).
Dejando a un lado las causas, el calentamiento global es una amenaza importante para la vida de cientos de millones de personas. A causa del calentamiento del aire, los hielos polares se están derritiendo. Todos los glaciares del Ártico se habrán derretido antes de la mitad de este siglo, en el Polo Sur, 103.000 millones de toneladas de hielo llegarán hasta el mar, esto hará que aumente significativamente el nivel de los mares, provocando inundaciones en los terrenos agrícolas y en las zonas habitadas, en el período de 50 años, es decir antes del 2060, mil millones de personas habrían sufrido daños irreparables en su habitat y en su producción y suministro de alimentos.
En la actualidad ya se están viviendo los primeros efectos negativos del cambio climático: incremento de la fuerza de los huracanes, aumento de las lluvias violentas en muchas partes del mundo y sequía pertinaz en otras.
La sequía, en especial, se está convirtiendo en un fenómeno mundial.
California ya está afrontando la peor sequía de su historia. Miles de hectáreas de recolecciones agrícolas se han secado, el glaciar de la Sierra occidental, que almacena las mayores reservas hídricas de la nación, se halla en un 49 por ciento respecto a su tamaño normal.
En Texas la sequía ha alcanzado proporciones históricas. Se estima que el 88 por ciento del territorio estatal se ve atenazado por unas condiciones anormales de calor seco.
La peor sequía en medio siglo ha convertido los en otros tiempos fértiles suelos de Argentina en tierra polvorienta, creando un estado de emergencia en el último año, a causa de este fenómeno climático han tenido lugar numerosas pérdidas: 800.000 cabezas de ganado y de 15 a 20 millones de toneladas de cereales.
Brasil, segundo exportador mundial de soja y el tercero de cereales, ha reducido las estimaciones de producción después de haber registrado daños por la sequía en muchas de sus regiones agrícolas, en el norte de la china se está sufriendo la peor sequía desde hace 50 años, creando dificultades en el aprovisionamiento de agua para 4 millones y medio de personas.
Desde el 2004, Australia viene afrontando situaciones de sequía; el 41 por ciento de su agricultura se ve asolada por la peor sequía constatada en 117 años de registros meteorológicos, el devastador tornado de fuego de febrero de 2009, aunque inicialmente fue provocado por pirómanos, se fue de todo control posible favorecido por las anteriores condiciones de sequedad.
En las regiones del Medio Oriente y del Asia central afectadas por la sequía, la producción total de trigo ha disminuido en un 22 por ciento. Los mayores ríos de Turquía, Irán, Irak y Siria se encuentran en sus niveles mínimos, la red de regadío se halla en una situación crítica.
Las escasas reservas internacionales de alimento agudizan los problemas de la disminución de las recolecciones agrícolas en combinación con el descenso de los niveles de stocks alimentarios de los mayores países exportadores:
Australia, Canadá, Estados Unidos y Europa, en el periodo 2002-2005 las reservas globales ascendían a 47,4 millones de toneladas, en el 2007 descendieron a 37,6 millones de toneladas, y en el 2008 a 27,4 millones. Aun dejando a un lado los factores económicos del creciente coste de las importaciones de alimento, esos stocks no son suficientes para cubrir las necesidades de los países con déficit alimentario.
En el mundo, en nuestro mundo, cada 6 segundos muere una persona de hambre, cada minuto, 11 niños de menos de cinco años. No es posible ser cómplices con nuestro silencio de este terror. ¿Hago todo lo que está en mis manos, en mis actos?

Comportamientos irracionales
Un análisis integrado de lo que va mal en el mundo no puede dejar de tener en cuenta los elementos de irracionalidad en el modo en que nos gestionamos a nosotros mismos y el medio ambiente. Hemos permitido que se generen situaciones paradójicas, injustas y fundamentalmente intolerables. El ecosistema está degenerando, el clima está cambiando, la mitad de la humanidad vive en la pobreza, pero nosotros continuamos afanándonos en acumular riqueza, en mantener nuestros privilegios: es como querer estar en primera fila en el puente del Titanic.
Millones de personas sufren de sobrealimentación y obesidad, mil millones pasan hambre severa. Seis millones de niños mueren de escasez, 1.700 millones de personas tienen sobrepeso, cientos de millones de mujeres querrían jugar un papel público y de responsabilidad social, pero no se les dan las mismas oportunidades en la educación, en los negocios, en la política, ni en la vida pública, criamos grandes cantidades de animales, los cuales son inteligentes y sensibles, con el único fin de comerlos o que se los coman como forraje otros de los considerados «nuestros» animales, previo un ritual de sacrificio que atenta a cualquier análisis, una práctica que, dejando a un lado las discutibles implicaciones morales y éticas, hace que se desperdicien enormes cantidades de recursos (se necesitan 5.000 litros de agua y 7 kg de grano y soja para producir un bistec de cuatrocientos gramos de carne de vaca, y no mucho menos para la carne de cerdo).
Combatimos la intolerancia cultural y el fundamentalismo religioso de los demás, pero hemos estado raptados emocionalmente, y muchos de nosotros todavía estaríamos dispuestos, a apoyar formas virulentas de nacionalismo ocultas bajo la bandera del patriotismo o de la seguridad nacional.
Decimos a los niños que obedezcan la regla dorada «haz a los demás lo que te gustaría que te hicieran a ti» pero raramente, por no decir nunca, tratamos a las personas, a los otros estados o a las partes contrarias como nos gustaría que nos trataran a nosotros.
Los problemas que tenemos por delante, no se solucionan con enfoques cortoplacistas, requieren que sean implantados urgentemente programas que contemplen objetivos en el largo plazo, pero nuestro criterio de éxito sigue vinculado al plazo breve, a los llamados «quarters», a los balances semanales o anuales de la empresa.
Nuestro planeta se halla hundido en un flujo de energía (que si se aprovechase al máximo, solo cuarenta minutos de la radiación solar que llega a la Tierra bastarían para cubrir las necesidades energéticas de toda la humanidad durante un año).
La tecnología está preparada para extraer energía de la luz solar, del viento, de las olas, de la geotermia y de las plantas marítimas y terrestres; pero la economía global continúa funcionando con las contaminantes y agotables fuentes fósiles. ¿Por qué será?
Se continúan produciendo armas de alta tecnología cuyo uso podría ser más peligroso que los propios conflictos que han servido de justificación. ¿Podríamos imaginar esa inimaginable cantidad de recursos materiales y de capital humano creativo destinados a construir soluciones para la Paz? ¿A qué esperamos?
Una vez más, las fuerzas militares han demostrado que son incapaces de alcanzar objetivos políticos o económicos estables, a pesar de que los gobiernos del mundo gastan más de 1,2 trillones de dólares al año (¡1,2 billones de dólares USA!) en armamentos, guerras y puestos militares.

Aspiraciones y creencias obsoletas
Algunas cosas que consideramos verdaderas, que guían las acciones y las aspiraciones del mundo contemporáneo, se revelan ahora como seriamente obsoletas y altamente perjudiciales. Por ejemplo: «el planeta es inagotable». La vieja creencia de que la Tierra es una fuente de riquezas inagotable y un depósito sin fondo para los residuos conduce a la depredación de los recursos naturales y a la sobrecarga hasta la incapacidad de los ciclos regenerativos de la biosfera.
«La naturaleza es un mecanismo». La creencia de que se puede modificar la naturaleza del mismo modo que se construye un edificio o un puente, trae consigo una gran cantidad de imprevisibles y fulminantes efectos colaterales, como la destrucción de equilibrios naturales y la desaparición de un número indecible de especies vivas.
«La vida es una lucha en la que sólo el más fuerte sobrevive». Se afirma que en la sociedad, igual que en la naturaleza, sólo sobrevive el más fuerte, el más fuerte, es decir, el más listo, el más ambicioso, el más temerario, el más rico y poderoso. Pero el propio charles Darwin no se refería al más fuerte y poderoso, al más apto, sino al más sensible y con mayor capacidad de adaptación. Lo que significa que más allá de la aptitud está nuestra actitud. «El mercado distribuye beneficios». La gente más influyente tiende a seguir creyendo que el libre mercado, gobernado por la que Adam Smith llamaba «la mano invisible», distribuye equitativamente los beneficios de las actividades económicas, cuando los poderosos se hacen el bien a sí mismos, presumen que al mismo tiempo están haciendo un bien a la sociedad. ! Creen que generar productos basura desde contratos laborables, que ellos no podrían aceptar, es crear riqueza! La pobreza total y la marginación en aumento de casi la mitad de la población mundial es un elocuente testimonio que muestra que este paradigma no funciona en los mercados del mundo contemporáneo, hipnotizados por el hambre de poder y riqueza.

¿ QUÉ HACER POR EL MUNDO?
Los objetivos a corto plazo de la política
Hay muchos pasos constructivos que se pueden llevar a cabo para tratar de curar nuestro mundo, creando paz y sostenibilidad en lugar de crisis y violencia. Pasos que exigen accionesa corto plazo vinculados al largo plazo, en política, en el business, en la vida de todos los días.
La política sana es una política realmente democrática, está al servicio de los intereses más auténticos del demos, de la gente, estos objetivos incluyen la supervivencia física, un papel social significativo, unaidentidad social y cultural igualmente definida. Salvaguardar estos intereses exige la necesidad de objetivos políticos que aseguren la disponibilidad y la accesibilidad socioeconómica de los recursos de base.
La certeza de la posibilidad de acceso a una supervivencia digna reclama la posibilidad para todos los miembros de la comunidad de acceder a los recursos base de la vida: cantidades y calidades adecuadas de alimento, agua, abrigo, ropa, formación, información y capacidad de comunicación en libertad, el mantenimiento de relaciones interpersonales significativas exige la existencia de condiciones útiles para poder desarrollar una vida familiar y unas relaciones conscientes entre los individuos basadas en el compartir, en la estabilidad, significativas y potencialmente beneficiosas.
Una significativa identidad sociocultural exige para manifestarse, un sistema de justicia con equidad social y económica, y un sistema educativo e informativo que persiga la unidad en el caleidoscopio del acontecer en el que se integren armoniosamente las diferencias, permitiendo que las personas se reconozcan a sí mismas como miembros del propio grupo étnico y de la cultura, y como parte única e integrada en la comunidad consciente. Pero, más allá de estos objetivos de base, la política sana se dedica a establecer las condiciones para que puedan fructificar objetivos lúcidos y específicos en el tiempo y el espacio.
En el mundo actual eso implica el compromiso firme, con acciones demostrativas de su factibilidad, en favor de la sostenibilidad económica, social y ecológica tanto en el ámbito, local y nacional como internacional.
Un gobierno que quiera abarcar objetivos a corto plazo y que vaya, por lo tanto, acorde con los tiempos:
— Planifica su gestión y sus objetivos desde un enfoque holístico, que permite controlar la calidad científica y exige calidad humana.
— Facilita la generación de medios y sistemas de información y comunicación que aporten transparencia a su gestión y a la de todos los actores tanto en el ámbito individual como en el profesional.
— Actúa como modelo ejemplificador de las buenas prácticas ecológicas.
— Pone a disposición incentivos de fácil acceso mayoritario para el uso de energías alternativas y tecnologías para el ahorro de recursos y el reciclaje, o para tecnologías de muy bajas –o cero-emisiones de contaminantes y de residuos.
— Favorece prioritariamente la compra y el uso de productos eco-certificados, de agricultura biológica, éticos y del comercio justo.
— Brinda un apoyo real a las empresas para promover prácticas que incorporan criterios de sostenibilidad en los procesos de proyecto, producción, distribución y marketing, con un atento seguimiento de las materias primas, del final de vida útil y de su reciclaje.
— Pone atención a la disponibilidad de los bienes de largo consumo, así como de energía, de agua, de terreno, de forma socialmente deseable, técnicamente viable y económicamente sustentable.
— Mejora la calidad, incrementa la capacidad y disminuye la huella ecológica del sistema de transporte público, creando alternativas realistas al uso (y al abuso) de los autos privados.
— Destina fondos para reconstruir o revitalizar áreas abandonadas y regiones deprimidas, según criterios de sustentabilidad integral.
— Para actividades relacionadas con los suministros básicos, desde la generación de energía eléctrica a los transportes y a las comunicaciones, usa tecnologías energéticas eco-eficaces y seguras.
— Planifica el desarrollo de forma que se reduzcan la vigilancia y la regulación de las actividades civiles e industriales que puedan perjudicar los equilibrios ecológicos y que dañan o afectan a las áreas naturales, a los espacios de convivencia pública y a los de uso residencial.
— Aplica criterios apremiantes para la arquitectura y la urbanística, imponiendo en la construcción el empleo de ecomateriales, sistemas eco-eficientes, el uso de energías renovables y un eficaz aislamiento demostrando su viabilidad en la aplicación a los edificios públicos, como exigiendo estas condiciones en la concesión de licencias para la construcción privada, centros comerciales y establecimientos industriales.
— Facilita el acceso a campos verdes, bosques y selvas, ríos, torrentes, lagos y mares en los alrededores de las áreas habitadas, con medidas adecuadas para mantener íntegro el equilibrio de los ciclos y de los procesos ecológicos y garantiza el acceso a la conexión con la Madre Naturaleza.

Los objetivos sociales en el business
El business es por antonomasia el «sector privado»: pero, en efecto, es tan potente que ya no se puede definir realmente como «privado», es más, en realidad es el sector de mayor influencia en el bien común. En el curso del último siglo, las grandes compañías se han ido autoexcluyendo de forma progresiva de ocupaciones y responsabilidades con respecto a la sociedad, buscando exclusivamente el aumento de sus propios beneficios.
Si quieren volver a ser valoradas en la sociedad, es necesario que adopten objetivos sociales de base.
El objetivo clásico ha sido siempre, en gran parte lo es todavía, hacer que ganen dinero los socios de la empresa, los accionistas (en inglés shareholder). Pero la «shareholder philosophy», por no evocar a la profunda injusticia que muchas veces supone, es vieja y está pasada de moda. Se ha convertido en una de las mayores fuentes de problemas para el mundo, polariza la sociedad y lleva a una explotación humana y del medio ambiente. Actualmente se debe reemplazar por la «stakeholder philosophy»: responsabilidad en el compartir beneficios hacia todas las personas que tengan relación con las actividades de la empresa, ya sean accionistas, directores, empleados o socios, clientes, proveedores o habitantes de la comunidad local sede de las operaciones de la empresa.
Clásicamente, se decía, la misión del business es el business. Con la «stakeholder philosophy» el objetivo del business cambia: es la salud y el bienestar de las personas y de la sociedad. La principal razón de ser de la empresa ya no es alcanzar el máximo beneficio en el plazo más breve, sino obtener el mayor bien para el número más alto de personas al mismo tiempo que asegura su propia viabilidad, su capacidad de generar beneficios.
Un giro en el business no es imposible, exige una estrecha cooperación entre los líderes del mercado. Deben unirse no para prohibir la competición, sino para poner en funcionamiento prácticas social y ecológicamente responsables en el propio sector.
Hay business leaders que podrían estar dispuestos a llevar a cabo este paso, y que ya no apoyan la «shareholder philosophy». Entre las mayores compañías, muchas están dirigidas por personas o familias de industriales que se identifican con la empresa, siendo fundadores o importantes responsables ejecutivos de ésta. Son los equivalentes actuales de los legendarios «líderes de industria» de los primeros decenios del siglo pasado.
Los diferentes John D. rockefeller, Cornelius Vanderbilt, Henry Ford, Thomas Mellon, Andrew Carnegie, no pensaban en sí mismos puramente como hombres de negocios dedicados sólo a sacarle al mundo todo el dinero posible, sino como «constructores de la sociedad», se sentían orgullosos de lo mejor de si mismos, eran una fuerza activa del bien común. Como dijo el fundador de IBM Thomas J. Watson, las compañías no se han creado «sólo para hacer dinero» sino para «tejer juntos la trama de la civilización». Este espíritu no se ha extinguido; actualmente, Bill Gates, Warren Buffett, los fundadores de Google Sergej Brin y
Lawrence Page u otros protagonistas del mundo del business, han creado fundaciones para apoyar las causas que más les interesan, como ya habían hecho antes que ellos Rockefeller, Ford, Carnegie. Pero hoy día esto ya no basta, en los años veinte y treinta nadie habría sospechado que la persecución del business a toda costa habría tenido consecuencias tan negativas. Era una cosa obvia, era una época en la que el uso de la tecnología parecía que podría solucionar cualquier desafío de la humanidad, la sociedad «necesitaba» automóviles, gasolina, acero y otros bienes, y las grandes industrias los suministraban.

Para los hombres de negocios tener «conciencia social» no significaba cambiar la orientación de su propia empresa, sino, como mucho, asegurar un tratamiento justo para los trabajadores, el personal, y apoyar o sumarse a determinadas causas sociales.
Ahora ya no basta con hacer «el bien» con gestos filantrópicos periféricos o marginales, sino que hay que dedicarse de forma estricta al objetivo de «hacer el bien» en el mercado, en la sociedad. Los daños de las empresas fosilizadas en las estrategias short-term profit-maximizing no se compensan financiando causas sociales, por muy dignas que éstas sean. Actualmente, los que ostentan el poder de control en las mayores compañías necesitan convertirse en una fuerza impulsora para el bien público.
No con la beneficencia, sino re-orientando la misión, la estrategia y las tácticas de sus empresas. La responsabilidad social corporativa asume como principal interés el objetivo social de una empresa. Su nueva manera ética, produce efectos éticos, también reconocibles. ¿Estamos los consumidores preparados para favorecer a una empresa cuyos productos sean aún más caros? Parece imprescindible que las autoridades actúen sobre la evaluación del valor y del precio del consumidor con relación a la percepción de las diferencias de lo que es saludable y no lo es. Es imprescindible un sistema que potencie los valores, no la desconfianza y la competencia.

CURAR A LOS ADICTOS DEL CONSUMO
El fin de la civilización materialista
Nuestro mundo cada vez es más pequeño y está más saturado. La industria aeronáutica ha hecho posible recorrer distancias «estelares» en pocas horas mientras que la tecnología digital con Internet lo ha hecho reducirse en el tiempo y en el espacio: ¿cuántas personas se desplazan cada día por el mundo? cientos, miles de millones. Pensemos sólo en los ‘viajes’ virtuales de Google y de todas las grandes redes sociales.
Tenemos que observar el planeta como un cuerpo único. No es difícil: basta pensar en la sensación que experimentamos cuando viajamos en avión, cuando un espléndido día de sol nos permite ver lo que hay abajo, objetos microscópicos y organismos vivos que se mueven en tierra firme. Ahora imaginémonos a los astronautas, que se hallan a cientos de miles de kilómetros de la tierra, cerremos los ojos y visualicemos el planeta: ¿qué hacen, cómo viven ahí abajo los bípedos que habitan ese planeta?
Más o menos un tercio de esos habitantes ni siquiera tiene agua para beber; otro tercio padece hambre; la parte estante se encuentra de bien a estupendo. (Si valoramos la vida en términos de exigua supervivencia básica, y no nos referimos solamente a lo material). Es evidente que en este planeta hay algo que no va.
Hay 4.000 millones de personas que se despiertan por la mañana y se van a dormir por la noche con un pensamiento fijo: «qué hacer para beber y comer», y otros 2.000, más o menos, que viven en una sociedad evolucionada.
Alrededor de la mitad de estos últimos 2.000 millones presentan comportamientos racionales a pesar de lo complicado que puede ser mantener un equilibrio personal, los mil millones restantes se ve seducido por la civilización materialista. Estos mil millones de personas nos han llevado hasta la crisis al ecosistema con un desarrollo incontrolado y miope, sin valor y sin valores, y hemos deteriorado gravemente nuestro único mundo.
Qué extraño animal el bípedo materialista: por un lado, actúa de forma que se autolesiona contaminando el aire y el agua, destruyendo el ecosistema, instaurando regímenes de vida insalubres y amenazantes para el equilibrio psicofísico; por el otro, invierte ingentes recursos para que la ciencia y la medicina puedan resolver o al menos mitigar solamente los problemas que él mismo ha ocasionado. En el camino unos 4.000 millones viven para sobrevivir a duras penas.
El bípedo continúa tirándose piedras a su propio tejado, para después afanarse en curarse sus heridas sin acordarse de las infligidas a los demás y al planeta...
Pero, por fortuna, existe una parte de humanos -sólo aparentemente minoritaria-que ha tomado el camino correcto: que no quiere «drogarse» con sueños de consumo, sino que pretende dar sostenibilidad a su propia vida, a su familia, salud, trabajo, seguridad, cultura… Un futuro diferente sin falsos mitos y sin dejarse dominar por lo efímero.
La irresponsabilidad compulsiva está a punto de verse desenmascarada definitivamente. Lo que los ‘materialistasdependientes’ llaman crisis, es en realidad el fin de una era y el inicio de una nueva: la de la civilización de los valores, de la conciencia.
El hombre consciente ya no seguirá contaminando indiscriminadamente, ni comprando coches cada vez más potentes y malolientes; no construirá autopistas todavía más grandes para poder inundar el mercado de un número de medios móviles cada vez más grande; no construirá casas «energívoras» ni centros comerciales que devasten el ecosistema; no destruirá los pulmones del planeta.
Que los «adictos» –y quienes los incitan-puedan aceptar el hecho: sus crisis de abstinencia no están destinadas a agotarse en poco tiempo porque «después de dos años todo volverá a ser como antes». No ocurrirá, el proceso no es reversible: ¡el mundo ha iniciado un proceso gigantesco, una época de desintoxicación!
La verdad es que cinco de los seis millones de habitantes del planeta no son «adictos», quieren vivir, quizás de la forma más cómoda posible pero no sólo desean cosas materiales a no importa que precio. Tal vez las ideas de cómo hacerlo todavía no estén del todo claras, pero cada vez hay un mayor deseo de verdadera calidad de vida.
Los dos tercios de la población mundial sólo se han visto dominados por una minoría que ha impuesto reglas, estilos de vida y modelos de referencia que van en una sola dirección: el acaparamiento de los recursos y la consolidación del poder.
Estos dos tercios de la población mundial, inspirados por esos mil millones de consumidores conscientes, pronto se convertirán en la masa crítica suficiente, serán la salvación del planeta. Igual que puede estar sucediendo en los estados Unidos, pensamos que también llegará hasta nosotros. Porque la falsedad del proceso: trabajo –ganancia- felicidad se está convirtiendo en una verdad establecida. Porque en definitiva, y dicho de modo más simple: ¡el dinero no lo es todo!
Miremos al futuro con optimismo. No creamos que estemos viviendo una fase de crisis negativa.
Pensemos que finalmente el hombre está conociendo uno de los mejores momentos de su existencia: el del cambio anhelado.
Los «adictos», por ahora, detentan el poder y las palancas del sistema: pero son una exigua minoría, su modelo ya está muy trillado y cada vez son menos las personas detrás de un sistema banal que como su publicidad propone una felicidad de cartón piedra.
Las personas conscientes son aún una creciente minoría pero cuentan con un enorme potencial de desarrollo y poseen unos valores profundos y reconocibles para el hombre, para todos los hombres, de cualquier raza y religión. Una seña de identidad reconocible en sus pequeños actos, en su generosidad despierta, en su alegría serena.
Igual que la mayor parte de los fracasados vuelven a descubrir los valores del amor y de la amistad, los materialistas como consecuencia de la crisis, haciendo de la necesidad una virtud, descubrirán la civilización de los valores y buscarán sostenibilidad para su propia familia.

¡Por esta razón la cultura materialista compulsiva está destinada a desaparecer!

CONTINUARÁ

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Comentario por Evaristo M. Gomez Lopez el agosto 21, 2010 a las 3:59am
Gracias a ti Karmen por tu labor sosteniendo este sitio y desde lo personal especialmente te agradezco la fantastica musica que nos compartes y que amenudo uso de fondo musical, me hace sentirme en la mejor Valencia de los 80 :) Dios te conserve el oido mucho tiempo
Namaste
Comentario por KARMEN el agosto 21, 2010 a las 3:46am
Muy bueno amigo mio, precisamente este libro lo estoy leyendo hace unos dias.
Gracias.

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