La paciencia no es la voluntad de esperar, sino el acto de no-esperar. Cuando no esperamos nada, no estamos impacientes. La impaciencia es el resultado de la elaboración de un plan previo al que debemos atenernos a toda costa. Cuando sucede algo imprevisto, perdemos el rumbo y nos frustramos, sentimos que la tensión nos ahoga, como si se hubiera apoderado de nosotros, cuando en realidad es nuestro ego usurpándonos el espíritu. En cambio, la paciencia implica la expansión de la imaginación y del corazón. La paciencia percibe el espacio, y nunca teme una situación nueva. Nada nos puede sorprender cuando se es conciente del espacio que existe entre nosotros y la situación

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