FUE UNA NOCHE DE VINO, fiesta, sexo y besos.

Aquella mujer de fuego, ardiente y sudorosa,     que se entregaba toda entera y sin miramientos   y no exigía nada, ni regalos, ni tormentos,          ni falsos juramentos.

Que se desvestía en silencio,                    suavemente sonriendo.

Sus labios rojos, húmedos y carnosos,                 sus muslos macizos, tibios y fieros, que nada exigía, tan sólo que la llenaran de besos. 

Y yo, con mis manos temblorosas                       que recorrían su cuerpo como veleros al viento, henchidas mis velas lujuriosas tal lobos en celo.

Oh quien pudiera detener los relojes                        y para el paso del tiempo,                                       en aquel recodo del firmamento           comiéndosela a besos.

Mientras la champaña resbalaba                          por sus muslos tibios y tiernos,                                donde se inicia el deseo y se vacía el sexo

…, y yo que me la bebía toda entera                       y a besos, aquella noche de invierno                       y junto al fuego…

Alfonso Játiva Gómez

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