, Oriente y Occidente

Me gustaría compartir unas notas muy oportunas sobre los Magos de Oriente.

Según cuenta Josefa R. Luque Álvarez en su maravillosa y amorosa trilogía “Arpas Eternas”, hace 2000 años, existían en la Tierra cuatro agrupaciones de seres humanos que percibían en sus místicas meditaciones la llegada del Maestro, la primera era la de los esenios, congregados en el Mar Muerto. La segunda se hallaba en Arabia, en el Monte Horeb donde un sabio, astrólogo, llamado Melchor, construyó un templo escuela donde meditaba con ochenta y cuatro compañeros, uniendo sus vibraciones para ayudar a Jesús a encarnar.

La tercera agrupación estaba en Persia, cerca de Persépolis y en ella trabajaba Baltasar, consejero de una escuela de meditación y sabiduría. El cuarto grupo estaba en la India, dirigido por Gaspar, Príncipe de Bombay, astrólogo. Esas fueron las cuatro porciones de humanidad a las que les fue revelado, desde el mundo espiritual, el secreto del descenso de Cristo en un cuerpo físico.

Según el traductor de la Biblia Fabre d´Olivet, Oriente significa: Una cosa cuyo curso está regulado y que se presenta constantemente igual a una cosa que se renueva sin cesar. Occidente en cambio recuerda al espíritu algo oscuro, alejado, desaparecido.

Esto significa que la luz se renueva sin cesar para quienes viven en el mítico Este, que es el punto de arranque de la primera manifestación divina, ahí es donde nace el Sol-conciencia. Para mover nuestra conciencia, disponemos de tres fuerzas, simbolizadas por los tres Magos de Oriente: la voluntad, el amor-sabiduría y la inteligencia activa y transformadora. Son las tres fuerzas de la psique capaces de transformar cualquier cosa: las de Kether, Hochmah y Binah. Los magos le anuncian a Herodes el final de su mandato y este anuncio tiene lugar cada vez que la parte más elevada y sublime de nuestro ser le comunica a la más terrenal que en la noche oscura ha visto brillar la estrella del niño divino, o dicho de otro modo, ha visto relampaguear el fulgor del Yo cuántico.

Occidente simboliza el alejamiento de la luz, del núcleo, significa vivir en su periferia, en sus límites. Y ello nos puede llevar a penetrar en el reino de la contradicción, del desacuerdo, donde la voluntad-Sol no ha llegado aún y dónde, por consiguiente, todo queda abandonado a su propia dinámica disgregadora.

Por lo tanto, escribir la carta a los Magos de Oriente equivale a dirigirnos, para formular nuestras peticiones, a la parte más voluntariosa, a la parte más amorosa y providencia y a la parte más inteligente de nuestro ser. Esto es lo que deberíamos hacer, no el 6 de enero, sino en cualquier momento del año en que deseemos co-crear algo. Feliz día de Reyes !

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